RAKLAS VARABRAK


Atractivo y majestuoso como un dragón,
de porte regia e ideales definidos,
podría embaucarte con una sola mirada
o deshacerse de ti con un simple suspiro.

DATOS BÁSICOS


━Nombre: Raklas Varabrak.
━Fc: Luke Evans.
━Edad: Eternos 35.
━Lugar de origen: Fytón.
━Oficio: Líder de los vampiros.
━Casa (Si se es de la nobleza): Ninguna.

PERSONALIDAD


De carácter reservado y circunspecto, Raklas Varabrak siempre está envuelto en un aura enigmática que muchos han intentado desentrañar, pero ninguno ha conseguido resolver. Posee una gran inventiva, un potente intelecto y una creatividad única que, bien usada, empuja hasta a la más imposible de sus ideas por el denso velo que separa la realidad de los sueños. Además, y aunque es un aspecto de su conducta que ni él mismo puede percibir, tiene un talento innato para embelesar a la gente que le rodea. De hecho, cuando Raklas apenas había alcanzado la madurez, un renombrado bardo de Petram le dedicó los siguientes versos: “Atractivo y majestuoso como un dragón, de porte regia e ideales definidos, podría embaucarte con una sola mirada o deshacerse de ti con un simple suspiro.”

Se dice que es capaz de utilizar cualquier medio para conseguir lo que se propone, pero lo cierto es que tiene unos límites bien marcados, y de no ser por el desconocimiento general de los mismos, es muy probable que no siguiese con vida.
Entre sus virtudes destacan su lealtad, eterna una vez ganada, su buen corazón, oculto la mayoría de las veces, pero visible para aquellos que realmente lo merecen, y su sentido de la justicia, que como un fuerte bastión rodeado por una mar embravecida resiste haciendo uso de la mayor de las bravías. Por otro lado y dentro de sus defectos fatídicos, sobresalen una dosis un tanto elevada de rencor, una cantidad efímera de autoestima y el importante hecho de que sería capaz de sacrificar el mundo entero si así consiguiera salvar a sus seres queridos.

Pese a tener madera de líder, contar con una envidiable elocuencia y ser portador de características que muchos calificarían como dones, jamás se le verá enorgullecerse de ninguna de estas cualidades. Simplemente procura hacerlo lo mejor que puede con lo que tiene y, sin embargo, muchas han sido las ocasiones en las que ha considerado que no está a la altura de las expectativas, muchos han sido los momentos en los que se ha creído incapaz de cumplir con la labor que le ha sido otorgada dentro del enorme tablón de ajedrez del que todos formamos parte y muchas han sido las veces en las que la pesada carga que sostiene sobre sus hombros ha amenazado con derrumbarse, pero es justo entonces cuando se detiene en su extenuante viaje para observar el sendero por el que transita, desde su origen hasta su final, recordando así que aquella guerra no es solo suya, sino de millones de almas atestadas de agonía.

HISTORIA


Una agradable brisa otoñal recorría las calles de la ciudad y mezclaba sonidos y olores por igual, creando un auténtico festival para el mundo de los sentidos. El aroma del pan recién horneado, la esencia de las frutas expuestas en los mercados y la fragancia de innumerables perfumes llenaban las fosas nasales de los transeúntes, mientras el ajetreo de la ciudad y el constante crujido que emitían los árboles desde el linde del bosque mantenían ocupado sus sentidos auditivos. Así se desarrollaba la vida en el reino de Fytón, uno de los lugares más visitados de Draconis, cuando Raklas Varabrak emitió su primer llanto, rodeado por todo un mundo de impresiones, y en cuanto abrió los ojos, dos enormes esferas gris tormenta decoradas con hermosas pinceladas esmeraldas, los allí presentes compartieron la misma corazonada: el futuro depararía grandes hazañas para el lactante.
Ya desde sus primeros años de vida, Raklas fue un niño reservado, tranquilo y observador. No había día en el que no sintiera la ardiente necesidad de satisfacer su curiosidad con cualquier tipo de conocimiento que pudiese hallar, desde el cuidado de animales de granja hasta la elaboración de misteriosos y burbujeantes brebajes. Como su padre, Tarjei Varabrak, era escritor, y su madre, Emilie Abels, regentaba una pequeña botica, el sustento nunca faltó en su hogar, pero jamás se le permitió ningún tipo de capricho, y lo cierto es que a día de hoy Raklas aprecia el hecho de que sus padres no le diesen más de lo que necesitaba, pues de esta forma evitaron cubrir los ojos de aquel niño con las vendas de la codicia o el materialismo.
Su infancia estuvo marcada por radiantes días de sol en los que los áureos rayos bañaban con su luz las densas praderas que se extendían a lo largo del reino. Durante las mañanas, Raklas recibía lecciones de números y letras, entre otras, mientras que por la tarde ayudaba a Emilie en la botica y la acompañaba hasta el mar de hierba para recoger hermosas rosas con las que decorar su establecimiento. Después, una vez alcanzada la noche, que era y sigue siendo su momento favorito del día, su padre abandonaba sus labores e iba hasta los aposentos de su hijo para relatarle las mismas historias que plasmaba en sus libros. Los relatos eran difíciles de creer y, sin embargo, por algún motivo que el pequeño desconocía, levantaban una controversia generalizada que terminaba generando más daños que beneficios, pero Tarjei continuaba depositando cada uno de sus conocimientos en las páginas a las que tan fervientemente se dedicaba.
¿Por qué los demás no disfrutaban de la lectura sin más, como lo hacía él cuando su padre le contaba aquellos fantásticos cuentos?, se preguntaba el pequeño Raklas. ¿Acaso era incapaces de diferenciar entre la fantasía y la realidad?
Aunque ansiaba obtener una respuesta a sus cuestiones, ésta llegó de una manera que jamás habría imaginado, y cuando pudo darse cuenta de cuán equivocado estaba, ya era demasiado tarde.

Ocurrió en una fría mañana de invierno. El cielo, generalmente despejado, se hallaba cubierto por una densa capa de nubarrones oscuros y las calles, normalmente abarrotadas, yacían vacías. El fuerte olor a ozono impregnaba el ambiente y los corceles piafaban nerviosos en sus establos. La tormenta estaba al llegar.
El primer rayo, poderoso y audaz, hendió el aire como la más afilada de las espadas, e inmediatamente después se abrió la presa que durante tanto tiempo pareció haberse estado conteniendo. El agua caía con una furia que Fytón jamás había conocido, y los caballos abandonaron sus pisadas nerviosas para comenzar a relinchar asustados.
Raklas sintió el mal, al igual que sus padres, mucho antes de que este se presentará en forma de soldados en la entrada de su hogar. Provenían de Zestok y portaban un claro mensaje: sangre y fuego.

—Si hay algo de lo que me haya sentido orgulloso en mi vida, fue de tenerte a ti —Tarjei, con unos orbes vidriosos en los que el joven se podía ver reflejado, pronunció aquellas palabras con una firmeza asombrosa pese a la situación en la que la familia se encontraba envuelta, y consiguió justo lo que se propuso: aportarle a su hijo la fuerza y la confianza que necesitaba.—

—Recuerda, Raklas, que las personas que nos quieren no nos abandonan jamás...y a nosotros siempre podrás encontrarnos aquí —Su madre, que en aquellos momentos realizaba grandes esfuerzos para no derrumbarse, colocó la palma de su mano sobre el corazón de su hijo y no la apartó hasta que sintió tres de sus latidos.

Raklas, con un nudo en la garganta que le impedía articular palabra e incapaz de administrar sus emociones y pensamientos, fue arrojado hacia el interior de la trampilla que se encontraba en la parte trasera de la casa, y lo último que pudo ver antes de sumirse en la absoluta oscuridad fueron los rostros de las personas que más amaba en el mundo. Pese a las lágrimas que recorrían ambos semblantes, consiguió detectar en sus sonrisas una felicidad melancólica que lo acompañaría hasta el fin de sus días.


Aquí termina la primera parte de la historia de Raklas Varabrak, el único hijo concebido por el matrimonio entre un escritor que intentaba extender sus ideales sobre la injusta situación que vivían las criaturas de Draconis y una boticaria que procuraba sanar hasta el alma más dolida incluso cuando ésta no se atrevía a cruzar las puertas de su botica para solicitar su ayuda, y empieza una totalmente distinta, donde un niño de 11 años se ve obligado a convertirse en adulto.

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El interior de la trampilla no era solo un simple escondrijo, sino que se trataba de un estrecho pasadizo que desembocaba en el linde del bosque que rodeaba el pueblo. El chico lo siguió a tientas, desplazando sus manos sobre la superficie húmeda que se extendía a ambos lados. La oscuridad seguía envolviéndolo con su manto, pero al cabo de unos minutos, los resquicios de luz empezaron a surgir en el horizonte, y Raklas aceleró la marcha. Durante unos instantes, tuvo la esperanza de que sus padres estarían esperándolo al otro lado, pero lo que allí encontró no se parecía a Tarjei, ni tampoco a Emilie; de hecho, ni siquiera era humano.

—Bienvenido seáis, Raklas Varabrak, a vuestro nuevo hogar —Sus labios, finos y rosados, se movieron lo mínimo para pronunciar aquellas palabras y después compusieron una escueta sonrisa. Sin embargo, no había ni rastro de calidez en los ojos foráneos, dos orbes de un intenso verde musgo que se fundía con el bosque a sus espaldas. Una cabellera azabache descendía sobre sus hombros como una esplendorosa cascada de tinta y terminaba a la altura de su cintura, desprendiendo constantes destellos. Su piel era pálida, y sus extremidades, alargadas y ágiles, se encontraban ocultas bajo una especie de túnica de colores claros. Lo único que lo diferenciaba de los humanos eran las orejas picudas que sobresalían de entre sus cabellos.— Soy Nerdanel, la mano derecha del rey de los elfos. Vuestro padre nos hizo un favor cuando nuestra comunidad peligraba, y es hora de que le sea devuelto. Seguidme.

Y sin más, el joven se internó en la frondosidad acompañado por aquel extraño individuo, demasiado sumido en sus pensamientos como para objetar algo. Las criaturas que protagonizaban los cuentos de su padre, antaño meras historias de fantasía para él, no solo eran reales, sino que conocían de su existencia, y no pudo evitar recordar la cantidad de veces que había soñado con que aquello ocurriese. De hecho, de no ser porque en sus sueños siempre contaba con la compañía de sus padres, habría llegado a pensar que se encontraba sumido en uno de ellos.

Sus años en el reino de los elfos se sucedieron lentos y dolorosos al principio, pero en cuanto consiguió aceptar la pérdida de su familia, el tiempo empezó a transcurrir de manera menos angustiosa. Desde su llegada estuvo expuesto al mismo entrenamiento que las criaturas con las que convivía y pese a no poseer su agilidad o su velocidad, exprimió cada gota de su ser para conseguir el mayor rendimiento físico del que fuese capaz. Pronto se vio convertido en un auténtico guerrero, e incluso se ganó el apodo "Fangren Edain", que significaba guerrero humano en el lenguaje de los elfos.
Aprendió a manejarse con la espada y con el arco, las armas predilectas de sus congéneres, e incluso llegó a portar un cuerno de marfil ribeteado de oro que emitía un sonido al que siempre acudiría cualquier tipo de criatura para socorrerlo. Sin embargo, si existía un utensilio de guerra con el que se había encariñado, eran sus preciadas dagas; una a cada lado de sus caderas, con elegantes empuñaduras plateadas en forma de cabeza de dragón y unas hojas tan afiladas que cortaban la carne como si fuese mantequilla.

Cuando cumplió los veinticinco y sus supervisores consideraron que su entrenamiento había finalizado, Raklas decidió abandonar el reino de los elfos. Aunque procuraban tratarlo como a uno más y estaban dispuestos a ofrecerle un alojamiento eterno, Varabrak, que había perdido hacía muchos años su verdadero hogar, sabía que allí no encontraría la paz que tan fervientemente buscaba. Así pues, llevando consigo todos los años de adiestramiento y sabiduría que los elfos le habían aportado, partió sin más y, al principio, serían la sed de venganza y los pozos de rencor los que guiarían su camino.


Al principio, su odio y su furia estuvieron enfocados en el grupo de soldados que convirtieron su felicidad en cenizas, pero con el tiempo comprendió que como ocurría con las enfermedades que solía tratar su madre, si no se eliminaba el problema desde la raíz, la malignidad seguiría extendiéndose. Por este motivo, pasó años y años estudiando la geografía de Draconis, sus gentes y la organización de cada uno de los reinos. Ya no eran los libros de su padre los únicos que le ayudaban y le ayudarían en un futuro, sino también los ejemplares que fue recolectando a su paso por las ciudades y los pueblos. Las religiones, las costumbres y los órganos de aquel corrompido sistema quedaron guardados en un rincón de su cerebro, uno al que Raklas denominaba el rincón de la venganza. No sabía cuánto tiempo le tomaría llevar a cabo sus cada vez más elaborados planes, ni si estos concluirían con el fin de su vida, pero si de algo estaba seguro era de que no abandonaría aquel mundo sin terminar con el cochambroso régimen instalado en Draconis, que no solo había acabado con la vida de sus padres, sino que también había condenado a la muerte o al exilio a millones de criaturas inocentes.

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Diez años más tarde y habiendo visitado cada reino del continente, Raklas eligió Pyros como lugar de asentamiento porque la ciudad era uno de los pilares ocultos más poderosos de la magia. A esas alturas, toda la comunidad mágica se dirigía a él utilizando el mismo apodo que le concedieron los elfos.
Aunque ya hubiese mantenido contacto con sus integrantes, no se unió a la Orden de Gyldne hasta entonces, y esta no solo lo recibió con los brazos abiertos, sino que le hizo una proposición que jamás se habría esperado.
Ragnar Calcebius, el líder de los vampiros y un viejo amigo de Raklas, había sido asesinado por uno de los soldados del ejército real y su aquelarre se encontraba completamente desamparado. El exlíder no tenía descendencia y por lo tanto no existía ningún sucesor que compartiera su sangre, pero aquello no significaba que no supiera con certeza quién quería que lo sustituyese tras su muerte. El individuo no se trataba de ningún alto cargo ni de ninguno de los chupasangres que lo adulaban constantemente para ganarse su aprobación, ni siquiera pertenecía a la comunidad. Según la orden, momentos previos a su muerte, Calcebius pudo escribir una breve carta con caligrafía apresurada que decía así:

"Mi sucesor no se encuentra dentro de nuestras filas y es probable que al principio se niegue a hacerlo. Ha recorrido esta maltrecha tierra desde su principio hasta su final y ha visto cosas que quedarían ocultas para cualquier mortal. Arrastra consigo una sabiduría ejemplar y un dolor del que solo de esta forma se podrá librar. Decidle que ha llegado la hora de que su venganza y la de todos nosotros se haga resonar. Los días de la Orden Roja deben terminar.
Raklas Varabrak, yo te nombro mi sucesor, desde hoy hasta el último de tus días.

Ragnar Calcebius."

Sin ningún ser querido que llorase por él y dispuesto a sacrificar su alma para cumplir con su destino, que ya no solo consistía en vengar a sus padres, sino también en establecer el equilibrio entre el mundo mágico y el mundo humano, Raklas aceptó la vida maldita que le había sido ofrecida, y bebió del cuenco que contenía la sangre de su viejo amigo, al que tantas veces había ayudado sin esperar nada a cambio.

𝑪𝑼𝑹𝑰𝑶𝑺𝑰𝑫𝑨𝑫𝑬𝑺:

—El legado de sus padres no estuvo compuesto solo por dinero, sino también por conocimiento. Antes de que su hijo se marchara, Tarjei le cedió sus libros, en los que recogía el trabajo de toda una vida y cuyas copias habían sido reducidas a cenizas. Por otro lado, Emilie le regaló toda su sabiduría en la rama de la sanidad, y su determinación a la hora de ayudar a aquel que lo necesitase.

—Las rosas son sus flores favoritas, pues su aroma le transporta directamente a las tardes soleadas que pasaba junto a su madre. En los momentos en los que la ansiedad o el estrés amenazan con anularlo, es común verle acompañado de estas flores.

—Cuando se siente perdido y la soledad le abruma, vuelve a releer los libros de su padre, donde encuentra el eterno apoyo que este sigue otorgándole. Cada una de sus páginas están llenas de anotaciones y poseen una información sin la cual no habría llegado a ser quien es ahora. Pese a que hasta el más mínimo detalle se encuentra grabado a fuego en su cerebro, protege los volúmenes como si de ellos dependiera su vida.

—No se alimenta a no ser que sea estrictamente necesario, y procura que su dieta se base única y exclusivamente en sangre animal, pues la considera más pura y limpia que la humana.

—Aunque al principio le costase aplacar su apetito cuando se encontraba rodeado de humanos, ahora posee un control mucho más avanzado sobre su instinto. Este mismo control es el que procura implantar entre todos los de su aquelarre.

—Ragnar no lo eligió como sucesor únicamente por sus conocimientos sobre el continente o su espíritu guerrero, sino también por su temple, su sensatez y su capacidad de contención. Aquellas eran tres cualidades esenciales que escaseaban en la comunidad vampírica y Calcebius sabía que nadie podría iluminar el sendero que debían seguir mejor que Raklas.

—Posee un colgante mágico que heredó de Ragnar y que le permite estar expuesto al sol. También poseía un anillo con la misma finalidad, pero se lo entregó a su antiguo aprendiz.

—Puede adoptar la forma de un murciélago oscuro como la noche y de una magnitud mucho mayor que la media.

—La amplia mansión de arquitectura gótica y fachada oscura que se encuentra a las afueras de Pyros le pertenece, al igual que los fértiles terrenos que la rodean.

—Cuenta con una habilidad que considera más una maldición que un don. Dicha habilidad no apareció cuando se convirtió en vampiro, que habría sido lo normal, sino mucho antes, y la transformación no hizo más que incrementarla. [Próximo monorol]

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